Comedia en
tres actos
G.K. CHESTERTON
Trad.: Miguel Martínez-Lage
Ed. Sexto piso, 2008
En el prólogo a
esta breve «comedia en tres actos» Chesterton insiste en lo ficticio e
imaginario de la acción así como lo que allí se dice, aunque lo digan
personajes que existieron, junto a otros que no. Es el espíritu de Johnson lo
que permanece, y algunos detalles, como el viaje que realizó a las Hébridas,
que tuvo lugar en 1773, y su amistad con
Boswell, que fue en realidad su biógrafo y amigo. También es real el personaje
de John Wilkes (1725 —1797) periodista, político radical y parlamentario
inglés, expulsado de la Cámara por difamar a Jorge III, de quien era opositor; y
Edmund Burke (1729–1797), escritor y político, considerado el padre del
conservadurismo liberal británico o viejos liberales (old whigs), en contraposición con los jóvenes liberales, (new whigs) que apoyaban la Revolución
francesa. Pero el matrimonio de espías
norteamericanos Mr. y Mrs. Swift es completamente imaginario, aunque encarna
una cierta posición que Chesterton usa para enfrentar a Johnson y para situar
el debate sobre la política, la moral y la condición humana.
En el primer
acto, la pareja americana desembarca en las Hébridas con la idea de llegarse a
Londres e investigar cuales son las posiciones de la Metrópoli con respecto a los
nuevos estados americanos y la revolución francesa. Allí, curiosamente, se
encuentran primero con un matrimonio escocés, gaita incluida, que les causa
cierto estupor, y más tarde con Boswell y Johnson, a la sazón de turismo por
aquellos lares. Los diálogos son jugosísimos y altamente cargados de ironía y
dardos envenenados. En algunos momentos llegan a ser desternillantes, casi
grouchianos.
En el segundo y
tercer actos, la acción se desarrolla en Londres: primero un encuentro en el salón de los Swift, en el que
Wilkes coincide con Johnson y Boswell, además de la imaginaria marquesa de
Montmarat; y en el último acto, los Swift, Johnson, y Burke cierran el discurso
y se despiden. Hay párrafos sin desperdicio, como lo que Swift le dice a su
esposa, tras contemplar, recién desembarcados, a la pareja escocesa, él tocando
la gaita y la mujer afanándose en la cocina: «Ahí tienes una imagen perfecta del
estado primitivo, que también llaman salvaje. El hombre habla a sus anchas
mientras la mujer se ve obligada a realizar todos los trabajos serviles. He
visto esa misma estampa en nuestros pieles rojas de la otra orilla». Lo curioso
es que mientras Swift larga estas parrafadas a su mujer, es ella la que ha de
preparar el té y bregar para encender el fuego. A Chesterton le encantan las
paradojas.
En otra parte,
dirigiéndose a la señora Swift, el Dr.Johnson defiende las formalidades: «la
convención es civilización, señora, y no podemos prescindir de la cortesía sin
perder humanidad» y ya que la señora parece inclinarse por una vida sencilla y
sin complicaciones protocolarias, le replica el viejo Johnson «Señora mía, una
vaca lleva una vida sencilla. No necesita más que hierba» a lo que protesta la
señora Swift: «No será usted tan rudo que vaya a comparar a una dama con una
vaca» «No, señora, ―contesta él―la compararé con un asno si le desagrada que se
la trate con la debida civilidad».
En suma, una
comedia plena de fino humor y filosofía,
como gustaba a Chesterton y como también le hubiera gustado a Johnson,
cuyo espíritu flota sobre el texto como si realmente hubiera sido él el autor.
Versan los acertados diálogos sobre la vida humana, sobre la política, sobre
las costumbres y en fin, sobre lo que distingue civilización de barbarie.
Imprescindible lectura para los amantes de la reflexión y del humor.