SEBASTIÁN ROA
ED. B, 2015
La novela que
tenemos entre manos -o sobre un atril, pues son 846 páginas en la versión
papel- es una ficción histórica, pues,
que sigue bastante fielmente los hechos en sus puntos más importantes, así como
en los personajes principales, aunque las oscuridades de la historia son
aprovechadas por el autor para novelar detalles más concretos que imagina o
recrea ya a su conveniencia, de modo que el resultado final sea unitario y de
una estructura bien engarzada. Todo ello proporciona un entramado literario muy
sugestivo para el lector.
Roa sitúa el
comienzo de la acción en el punto en que finaliza su anterior novela, «La Loba
de Al-Andalus», es decir, en el estado de cosas que queda la península ibérica
tras invasión de los almohades y destrucción del reino andalusí, por un parte,
y por otra la muerte de Alfonso VII, el emperador, que en un momento de ofuscación
dividió el reino entre sus hijos, sembrando un panorama de discordia, desunión
y debilitamiento generalizado en el mundo cristiano de finales del siglo XII.
En cierto
sentido continuación de «La Loba...», es lectura independiente, sin embargo; es
continuación en el sentido de que sigue narrándonos la historia de las luchas
medievales entre moros y cristianos, y no solo esto, sino mostrando las
disensiones políticas internas dentro de cada uno de los dos bandos principales.
Las luchas de poder, las relaciones entre religión y política, y obviamente,
también las relaciones personales, que las hay y muchas, ficción entrelazada
con realidad histórica. Además, estas relaciones de amor, odio, rivalidad,
lealtad, traición, amistad o sumisión ponen la sal y la pimienta de la
narración, crean un clima que nos acerca al de la época, aunque contado de un
modo que resulte próximo al lector moderno. Así como otros autores prefieren
crear el clima usando un lenguaje que tenga cierto arcaísmo, Roa solo recurre a
ello en alguna de las imaginarias cartas entre unos y otros personajes. El
clima de la época ya se crea por la propia trama narrativa, los diálogos,
cartas, descripciones de batallas (en general, muy bien contadas), movimientos
de tropas, etc.
Como en la novela
precedente, Sebastián Roa pinta un fresco de una época convulsa y que, si nos
fijamos bien, presenta muchas similitudes en esencia con la actualidad política
mundial: un mundo dividido en bandos
ideológicos, en el que Occidente presenta una clara debilidad, incapaz de poner
de acuerdo entre sí a sus miembros e incluso soportando dentro de sus propias
filas gentes que se pasan al enemigo: países o grupos anti-occidentales, especialmente
los que identifican Estado con Religión (o Partido) que tratan a sus ciudadanos
como súbditos y creyentes, y que les exigen sumisión; y no sólo eso: quieren
extender esa sumisión a todo el mundo, por medio de la “santa” violencia. Pues
bien: en estos términos funciona la novela...y la Historia, madre de muchas
ficciones, que debería enseñarnos a evitar los mismos errores que en el pasado,
aunque la naturaleza humana sea, desgraciadamente, olvidadiza y proclive a
tropezar en la misma piedra una y otra vez. Hay un pasaje donde se explicita
esta idea muy claramente: en el encuentro del legado papal Gregorio de
Santángelo con Alfonso de Castilla, éste
recibe el siguiente rapapolvo eclesial “Lleváis la discordia en la sangre.
Todos: portugueses, aragoneses, castellanos, navarros,…Sois capaces de
destrozaros entre hermanos mientras el enemigo común os acecha para alimentarse
de vuestra carne maltrecha.” Los almohades, por el contrario, son fieles a su
Tawhid, que postula la unicidad de Dios y requiere la sumisión de toda
actividad humana.
La acción de
esta novela está contada por un narrador universal, si bien centra su atención
en ciertos puntos de vista, tanto de los cristianos como de los musulmanes. Saltando
entre uno y otro reino, entre un lado u otro de la frontera o entre un lado u
otro del Estrecho, se encuentran algunos personajes de gran importancia para la
trama. Aunque informe de todos los reinos cristianos en general, la narración
contempla principalmente las relaciones entre Castilla y León, cuyos reyes son
parientes pero exudan odios y tensiones, luchas por el poder y la expansión
territorial. Aragón, Navarra, Portugal, están presentes como telón de fondo,
puesto que reyes y reinos apenas tienen protagonismo en esta novela. Personajes
importantes del lado cristiano, aparte de los propios reyes, son los Castro y
los Lara, divididos por odios ancestrales; en especial, sobresale Urraca López
de Haro, mujer de rompe y rasga, cuya idealizada imagen vemos en la portada del
libro, porque su protagonismo en la novela es muy fuerte. Destaca también la
prolífica reina castellana Leonor, y sus continuos e infructuosos intentos de
hallar paz y concordia mediante casamientos. También encontramos interesantes personajes-bisagra,
como el castellano Ordoño de Aza y el andalusí Ibn Sanadid, cuya leal amistad
permanece a través de los años y las circunstancias que les separan. Son
personajes fronterizos, que traspasan la línea entre un mundo y otro, sin
perder su filiación.
Por la parte musulmana,
la novela presenta el punto de vista de Yusuf, segundo califa almohade, y
después su hijo Yakub, cuyo protagonismo es aún mayor. Y como alter ego de cada uno, sus visires: Abu
Hafs, hermanastro y hombre fuerte de Yusuf, y Abú Yahyá, mentor y leal amigo
personal de Yakub. La figura del andalusí Ibn Rushd, consejero de los califas,
también es personaje-bisagra, que intenta poner sentido común y racionalidad a
la política islámica almohade. Las mujeres musulmanas tienen un protagonismo indirecto:
tanto Zayda como Safiyya, (hijas del Rey Lobo y Zobeyda) se mueven entre
bastidores, pero generando una poderosa atracción. Remarca muy bien el autor la
diferencia entre almohades y andalusíes, entre fanatismo religioso y una
concepción más lúdica de la vida.
La narración
comienza en 1174, mostrando la adolescencia y educación del heredero Yakub en
la corte sevillana del califa Yusuf y por parte cristiana, con una juvenil
Urraca López de Haro a punto de matrimoniar con un maduro leonés mientras sus
deseos van en otra dirección. Y acaba en 1195 con la terrible batalla de
Alarcos, a la que el autor dedica casi las sesenta páginas finales, de una
tensión dramática enorme, muy bien construida y presentada. A lo largo de la
novela, de gran densidad narrativa, encontrará el lector todos los ingredientes
que atraen el interés del público: batallas, lances de honor, amistad, amores
imposibles, pasiones ciegas, sexo, violencia, sudor y lágrimas. Todo bien
aliñado, estructurado y presentado en el momento adecuado, alternando muy
ágilmente el paralelismo entre los reinos cristianos y los musulmanes, sus
intrigas y luchas intestinas, y mostrando las ideas que estaban en juego en el
gran tablero del medioevo entre Oriente y Occidente.
La edición
incluye una serie de apéndices, un mapa, ilustraciones con los principales
personajes representados, un glosario de términos, una nota explicativa donde
el autor explica con más detalle las «licencias históricas» que se ha
permitido, y un amplio apartado bibliográfico. Lo que olvida es un índice, que
sería de gran ayuda, dada la longitud del libro y la cantidad de escenarios,
personajes y acciones. El conjunto es una obra densa, sólida, ágil y muy
atractiva, con la que Sebastián Roa se consolida como un buen narrador.
Fuensanta
Niñirola
2015