15/11/13

RECORDANDO A EUDORA

LA PALABRA HEREDADA
Mis inicios como escritora (One Writer’s Beginnings)
EUDORA WELTY
Trad.: M. Martínez-Lage
Ed. Impedimenta, 2012

Si pensamos en un escritor contemporáneo que sepa captar en sus relatos el espíritu de la América profunda, Eudora Welty es una buena muestra de ello. El texto que presentamos surge a partir de unas conferencias que la escritora norteamericana pronunció en la Universidad de Harvard en 1983. Las tres conferencias constituyen los tres apartados del libro: Escuchar,  Aprender a ver, y  Encontrar una voz. Constituyen, en su conjunto, un texto autobiográfico, o mejor, unas Memorias de juventud. A la edad de 75 años la escritora de Jackson (Mississippi) organiza sus recuerdos más tempranos e incluso se adentra en sus ancestros, buscando, tal vez, la explicación a su propia vida. Pero no solo nos transmite la historia familiar; nos transmite amor a la naturaleza, a la vida,  amor a la literatura y la palabra escrita. El hecho de titularlo La palabra heredada en la presente edición no es casual. Welty  está convencida de que este apego a la palabra, esta adicción –podríamos decirlo así– al texto leído o escrito, es algo que le fue inculcado desde pequeña por su familia y que toda su obra literaria está contenida en esos momentos vividos en su infancia y juventud, en el conocimiento de la historia familiar y en el paisaje y las gentes que la rodearon y constituyeron su biografía.

La escritora recuerda, en la primera parte, los comienzos, esos primeros pasos en la vida, aquellas primeras palabras. A principios de siglo, Jackson era un pueblito de seis mil habitantes cuando los padres de Eudora eligen instalarse allí y fundar una familia, de cuyos tres vástagos es la primogénita. El padre proviene de Ohio y la madre, de Virginia Occidental. Norte y Sur, a pesar de estar uno al lado del otro.
Eudora cuenta lo que veía y escuchaba en su hogar, los cuentos que le contaban y las canciones que le cantaban de niña. El descubrimiento del alfabeto, el aprendizaje en casa de la escritura y lectura, entre paseos campestres y vida rural. Los juegos con los hermanos, la mirada a su alrededor; luego la escuela primaria, la escuela dominical. Una infancia feliz, la alegría de vivir.


En la segunda parte nos habla de los viajes familiares en las vacaciones de verano. Visitaban unas veces a la familia materna, en Virginia, y otras a la paterna, en Ohio. Por el camino de  Welty o por el camino de Andrews, como diría Proust.
Aquellos viajes les ocupaban una semana de ida y otra de vuelta; viajar en automóvil en la primera década del siglo XX no era precisamente una ganga. Las carreteras, si las había, estaban en estado lastimoso y los coches tampoco podían aguantar mucho traqueteo, eran toda una aventura. Pero todos los años visitaban a sus abuelos y convivían con ellos y el resto de la familia en sus granjas respectivas. Aprendían que América era bastante más que Jackson. El largo trayecto era una fuente inagotable de anécdotas, aventuras y aprendizaje para los tres hermanos, y sobre todo para Eudora, la mayor, cuyos cinco sentidos absorbían todo lo que ocurría dentro y fuera del coche. Y viajaban «con una pistola cargada, guardada en el bolsillo del asiento del conductor», aunque su padre jamás disparó ningún arma, pero había que ir protegidos. «Cruzar un río, un condado, un estado –cruzar aquella línea invisible, aunque evidente, entre el Norte y el Sur- significaba respirar hondo y percibir la diferencia.»
Además de esos viajes, la autora aprovecha para relatar las historias de las dos familias respectivas y sus costumbres, muy distintas entre sí. Los Welty eran un clan rural, del que su padre no le habló apenas; pero los Andrews, la familia materna, vivían en ciudades, dedicados a la enseñanza o al culto metodista. Y produjeron algunos personajes notables.

La tercera parte comienza con el primer viaje en tren, junto a su padre, y el cambio de perspectiva: «El mundo discurría en directo frente a mi ventanilla del tren. Al cerciorarme que era yo la que pasaba, entendí que había terminado esa etapa de la infancia en que uno está solamente centrado en sí mismo.» Nos habla, además, de sus estudios secundarios y superiores, primero en el Colegio Femenino del Estado de Mississippi y después en la universidad de Winsconsin, donde estudió artes liberales. Su descubrimiento y primeras lecturas de Yeats, la emoción de la poesía, los balbuceos literarios de su pluma y el primer intento –frustrado– de salir adelante con la literatura; un primer trabajo (no exactamente literario), en plena Gran Depresión, que la obligaba a de viajar por todo Mississippi, tomar cientos de fotografías y realizar múltiples informes y reportajes para periódicos, lo cual le supuso un excelente aprendizaje y el descubrimiento de la desolación en que vivía la población en aquellos durísimos años.
 
Finalmente hace un recuento de sus textos y de aquellos elementos comunes entre sí, y lo que hay de ella y de su familia en sus relatos. Un emotivo, profundo y atractivo viaje al interior de esta escritora y su mundo literario, así como el mundo real que la rodeó en los primeros años de su vida y que la llevó de la mano a la literatura. «La memoria es algo vivo; la memoria es tránsito. –nos revela– Pero mientras dura su instante, todo lo que se rememora se une y vive: lo viejo y lo nuevo, el pasado y el presente, los vivos y los muertos. »
La edición y traducción impecables, incluyen una serie de fotografías familiares, que ilustran adecuadamente las descripciones  de la escritora.

Eudora Welty  (Jackson, Mississippi,1909-2001), probablemente sea la autora sureña más brillante del siglo XX. Primera escritora que vio publicada en vida su obra en la prestigiosa Library of América. Estudió en la Universidad para Mujeres de Mississippi. Continuó en la Universidad de Wisconsin-Madison, y en la Universidad de Columbia. Durante los años treinta trabajó como fotógrafa en la Agencia Estatal de Administración Laboral y recorrió hasta el último rincón del estado de Mississippi. No obstante, Eudora Welty es conocida sobre todo por su faceta literaria. En 1936 apareció su primer relato: «Death of a Traveling Salesman», que llamó la atención de Katherine Anne Porter, quien se convirtió en su mentora. Suya es, precisamente, la introducción al primer libro de relatos de Welty, Una cortina de follaje (1941). A su pluma se deben auténticos clásicos de la moderna literatura americana como Boda en el Delta (1946), El corazón de los Ponder (1954), Las batallas perdidas (1970) o La hija del optimista, que en 1973 la hizo merecedora del Pulitzer. Reconocida maestra del arte del relato —sus cuentos aparecieron en revistas como The New Yorker, The Southern Review, Atlantic Monthly o Harper’s Bazaar— murió de neumonía en su ciudad natal, a la edad de 92 años.


Ariodante

8/11/13

UN VIVIDOR EN EL LOUVRE

VIVANT DENON
PHILIPPE SOLLERS
Trad.: Mauro Armiño
Ed. Fórcola, 2012

Magnífico ensayo biográfico, en el que el lector español descubrirá a un personaje poco conocido, al menos en España, a pesar de ser el creador del Museo del Louvre. Contemporáneo de los ilustrados y de los revolucionarios franceses, fue un diletante, un hombre que vivió a caballo entre dos mundos, siempre en el filo de la navaja, y consiguió sobrevivir sin necesidad de cambiar sus principios. Como hubiera dicho Groucho Marx…«si no le gustan mis principios, tengo otros». Pues los principios de Denon eran lo suficientemente elásticos y libres como para permitirle tratar con Luis XV, con Catalina de Rusia, con Voltaire, con Robespierre, con Napoleón y tras la caída de este, con Luis XVIII, y la restauración. Sabía adaptarse a las circunstancias, guardando para la intimidad sus ideas y pensamientos, mientras trataba, en su aspecto público, de cumplir las leyes y mantenerse cortés con todos.

Fue escritor, pintor,  dibujante y sobre todo, grabador. Aunque, sobre todas sus actividades, podríamos decir sin errar demasiado que, haciéndole honor a su nombre, fue un vividor, en el mejor sentido de la palabra. Gozaba de la vida, le gustaba vivir, vivía el presente.  Parafraseando a LeCarré: «calderero, sastre, soldado, espía» y como dice en el epílogo Javier Jiménez, Vivant Denon es «viajero, libertino, aficionado al arte -yo diría artista- coleccionista, bibliópata, diplomático, espía según algunos, discreto, padre de la egiptomanía, mujeriego y enamorado.»
Efectivamente, sus viajes en misiones diplomáticas hacen sospechar que transmitía información en secreto. Lo más cerca de ser soldado, sin embargo,  lo fue en Egipto, al acompañar a Napoleón para ver y dibujar de primera mano las pirámides y los monumentos egipcios. Las balas pasaban silbando a su alrededor mientras él dibujaba…En su Viaje a Egipto, publicado en 1802, es precisamente Denon el que reproduce la famosa frase de Napoleón sobre los «cuarenta siglos que nos contemplan»incluso Sollers sugiere la posibilidad de que quizás el propio Denon se la soplara a Napoleón, como insinúa si no sería Montaigne el que sugeriría a Enrique IV la famosa frase de que «París bien vale una misa»…


Así es Sollers: salta de una cosa a otra, de la vida y hechos de Denon a las vidas  de otros, contemporáneos o posteriores a él, en un estilo muy peculiar suyo. Destaca que no tenemos demasiados datos de Vivant Denon por su enorme discreción. Si hubieron mujeres, que las hubieron, no hay apenas cartas, salvo las de Madame Albrizzi-Marini, que debió ser para este soltero recalcitrante algo más que una pasajera relación. «Nunca he tomado mujer y vivo contento con mi libertad», afirmará en varias ocasiones. Amaba a las mujeres apasionadamente, pero amaba aun más su libertad e independencia. Y así como Casanova hacía constante gala de sus amores o sus ejercicios sexuales, Denon cubre con un discreto velo esa faceta. Incluso su relato, Point de lendemain (Sin mañana) lo publicará anónimamente. «Vivant es un virtuoso del discurso mudo indirecto -dice Sollers- discreción reforzada, asuntos de Estado, destrucción de correspondencia, ausencia de huellas: es la norma».
Y Sollers es un virtuoso de la palabra, de la imagen verbal, de la ligazón de ideas al vuelo, de la sugestión y la ironía. Su estilo saltarín es encantador, seductor como los personajes que gusta de retratar; dieciochesco como ellos. En suma, un libro excelente, y una edición magnífica.



Philippe Sollers (Talence, 1936) Escritor francés, uno de los fundadores del grupo Tel Quel (1960). Su obra narrativa (ensayo y novela) oscila entre las formas tradicionales y la experimentación vanguardista. De madre católica tradicionalista y padre ateo antimilitarista, fue educado en los jesuitas, y después realizó estudios de comercio, que abandonó para dedicarse de lleno a la escritura.
Publicó su primera novela, "Une curieuse solitude", en 1958. Se casó en 1967 con Julia Kristeva, escritora y psicoanalista. Fue, entre otros, amigo de Jacques Lacan, de Louis Althusser y de Roland Barthes, quienes son descritos en la novela "Femmes" (1983), así como de otras grandes figuras del movimiento intelectual francés. Sollers, que vive regularmente en Venecia o en l'Île de Ré, dirige desde 1983asimismo la colección "l'Infini" y es miembro del comité de lectura de Gallimard. Ha frecuentado el género biográfico, interesándose por personajes del dieciocho (Casanova, Mozart, Sade…)


Ariodante

7/11/13

DICKENS IN LOVE

DICKENS ENAMORADO
AMELIA PÉREZ DE VILLAR
Ed. Fórcola, 2012






El ensayo que nos ocupa la atención es un texto biográfico que no llega a las doscientas páginas, y que nos presenta la biografía de Dickens desde un ángulo quizás no muy habitual. El título nos da una pista: se trata de contarnos la vida del gran escritor británico apoyándose en los amores (y yo añadiría, los desamores)de su vida. El texto reproduce algunas cartas que Dickens escribió a diversas personas (damas, amigos, etc.) y  de cuya lectura se puede llegar al estado de ánimo del escritor. Esta obra también muestra las relaciones del escritor británico con varios amigos íntimos; cada una en su marco especial, como es el caso de su amigo juvenil Henry Kolle, que le servirá de intermediario y mensajero en su intento de relación con Maria y que acabará desposando a la hermana de esta; John Forster será su amigo más íntimo y duradero, finalmente albacea; otro amigo que conoció ya en su madurez, el también escritor Wilkie Collins, más compañero de viajes y salidas nocturnas. El actor Macready, que le fue de gran apoyo al final de su vida; el escritor Leigh Hunt, el pintor Daniel Maclise, o Thomas Talfourd, a quien dedicó Los papeles póstumos…

Las innumerables mudanzas de casa de los Dickens, cuya transhumancia era notable, a pesar de las continuas quejas del escritor, al parecer se veía impelido a un movimiento continuo, conforme iba creciendo la familia; los constantes viajes, solo o acompañado, con familia o con amigos, los proyectos, el continuo brotar de nuevas obras salidas de su pluma… Este aspecto transhumante me recuerda la también itinerancia constante de otro gran escritor, Joseph Conrad, que tras años de vagar embarcado allende los mares, al establecerse en tierra firme no parecía encontrar su sitio en ninguna parte, cambiando de casa y de lugar con una frecuencia pasmosa, para una persona aquejada de gota y otras varias dolencias. Dickens tenía una salud más fuerte que la de Conrad, pero a cambio tenía diez hijos, una familia paterna constantemente sobre sus espaldas, teniendo que asumir sus problemas de deudas y otros asuntos, con los quebraderos de cabeza adicionales.
Así, por medio de todas estas relaciones va mostrándonos la autora de este ensayo la calidad personal de Dickens y sus motivaciones y deseos más íntimos, en la medida en que podemos suponerlos o deducirlos de la lectura de sus cartas, que es impagable.
En su juventud (hablo de diecisiete, dieciocho años) tuvo el escritor una pasión amorosa muy intensa por Maria Beadnell. Pasión que no fue del todo correspondida o que, al menos no lo fue del mismo modo y con la misma intensidad que el joven Dickens ansiaba. Además, hubieron ciertos malentendidos con la intervención de otra amiga por en medio, no sabemos si de modo casual o provocado por la propia Maria.  Y no solo eso, sino que la familia Beadnell tampoco aceptó bien esta relación cuando vio que sobrepasaba los límites de la pura amistad. Las diferencias de clase, la juventud de ambos, hizo que los padres de Maria la enviasen al extranjero y entre eso y que ella misma no parecía demasiado convencida, el asunto fue decayendo, aunque en la mente y el corazón de Dickens pervivió y sirvió de base para el personaje de Dora en su magna obra David Copperfield.

Posteriormente, cuando superó sus peores momentos y conoció a la familia Hogarth,  cuyas tres hijas, Catherine, Mary y años más tarde Georgina, le hicieron revolotear entre ellas y finalmente decidirse por la mayor, Catherine, de físico atractivo (aunque no tanto como Maria Beadnell). Sin embargo, la elección de Catherine por esposa, según nos lo presenta la autora siguiendo la opinión de Claire Tomalin en su ensayo sobre Dickens, estuvo más apremiada por una cuestión de “higiene sexual, bienestar doméstico y compañía” que por una pasión real. Intelectualmente no estaba a la altura de Dickens y a lo largo de sus años de convivencia la figura de Catherine se nos presenta más como una fábrica de niños (tuvieron diez) que como una esposa más completa, puesto que Dickens, que era una personalidad hiperactiva y ansiosa, se ocupaba de todo lo demás, desde el guardarropa, pasando por todos los detalles de cada una de las múltiples casas que poseyeron, a dirigir el servicio, la educación de sus hijos, y las relaciones con su familia. Ello llevó, a lo largo del tiempo, a un agotamiento absoluto de los sentimientos que hubiera podido albergar hacia su esposa, y de un alejamiento que pasó a ser físico cuando empezó a interesarse más seriamente, en su madurez, por una joven actriz, Ellen Ternan, con la que acabó conviviendo en una situación harto confusa y poco satisfactoria.

Dickens, cuya personalidad tornadiza e inquieta queda transcrita en este libro, probablemente tuvo trato con algunas otras mujeres, fueran damas o prostitutas, pero no tenemos noticia de ello, si descontamos la relación con sus dos cuñadas: primero Mary, que se instaló en casa para ayudar con el primer bebé de la pareja, y que ejercía una cierta atracción en Dickens; su repentina muerte le dejó profundamente impactado; luego Georgina, la hermana menor, que con quince años también se trasladó a vivir con ellos en casa, cuando acababan de volver de Estados Unidos, en 1842; haciendo el papel de institutriz de los niños, y que parecía disponer de cierto ascendiente sobre el escritor, por su nivel intelectual y competencia en asuntos domésticos, mayor que el de su hermana, y por la manifiesta devoción hacia su cuñado que no pasó del plano sentimental al físico.  De lo que sí tenemos noticia es un intento de reencontrarse con Maria Beadnell, a la sazón Winter, casada y con dos hijas. Y fue por iniciativa de la propia Maria, que le escribe veintidós años más tarde de su último encuentro. Sin embargo, el reencuentro resultará decepcionante, por lo que el bello recuerdo de la dulce Maria quedará borrado por una imagen de señora madura, tampoco demasiado inteligente y desde luego, nada oportuna. 

Resulta una obra atractiva, quizás demasiado concentrada en su brevedad, pero que nos ofrece una imagen más íntima y novedosa de este gran escritor. Y una espléndida edición la de Fórcola, tapa dura, con múltiples reproducciones de grabados, imágenes de las casas, las personas y muestras de la escritura manuscrita de Charles Dickens, un autor que todos conocimos de niños y al que seguiremos leyendo toda nuestra vida.

 Amelia Pérez de Villar es licenciada en Filología Inglesa y traductora por el Institute of Linguists of London. Como autora, ha publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como «Manuela» (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), «Escena con fumador en blanco y negro» (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio), «Si yo tuviera el corazón», publicado en el último número de la revista Renacimiento, o «Visión Crepuscular», aparecido en la revista digital Culturamas en enero de 2011. Ha sido redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Escribe habitualmente en su blog DeLibrosydeHojas. Ha escrito Dickens enamorado: Un ensayo biográfico (Fórcola, 2012), y el artículo «Pescar el múrice: mi reino sí es de este mundo», que forma parte del ensayo colectivo Hijos de Babel: reflexiones sobre el oficio de traductor en el siglo XXI (Fórcola, 2013). Como traductora, ha publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008)Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (Páginas de Espuma, 2010), y Escribir ficción, de Edith Wharton (Páginas de Espuma, 2011). Ha preparado la traducción, edición y notas de Crónicas literarias y autorretrato (Fórcola, 2011), y de Crónicas romanas: la sociedad y la vida mundana de fines del Ottocento en Roma (Fórcola, 2013), ambas antologías de crónicas de Gabriele d’Annunzio (1863-1938).




Ariodante

Etiquetas

 Mis Reseñas (1) Antología (3) Anuncios y Notas (1) arqueologico (1) arte (1) Artículos literarios (2) Articulos viajes (1) autobiografía (6) Cartas (2) ciencia ficción (1) Clásicos (1) Comentarios Artísticos (8) Comentarios Cinéfilos (11) Comentarios Cotidianos (7) Comentarios especiales (9) Comentarios Literarios (5) Comentarios Nostálgicos (6) comentarios poéticos (3) Comic (1) Cómic (2) Conferencias (1) cuento (2) cuentos (1) Cuentos Ilustrados (1) Drama (1) ensayo (11) Ensayo arte (1) Ensayo biografico (14) Ensayo de arte (1) ensayo histórico (7) Ensayo literario (6) Ensayo Viajes (1) Ensayos arte (1) Entrevistas (2) Eventos (33) Eventos artísticos (2) Eventos Literarios (35) libro ilustrado (2) Libros de viajes (3) literatura viajes (3) lliteratura de viajes (1) Memorias (5) Microrrelatos (2) Mis lecturas (9) Mis Reseñas (530) mitologia (1) mitología (2) naval (2) Notas (1) Novela (80) novela aventuras (14) Novela biográfica (6) novela ciencia ficcion (1) novela corta (19) novela de viajes (2) novela decimonónica (7) novela del oeste (3) Novela épica (2) Novela espías (3) novela fantastica (2) novela fantástica (5) novela historica (38) Novela histórica (33) Novela histórica naval (19) novela intriga (20) novela japonesa (2) Novela polciaca (8) Novela policiaca (5) novela psicológica (1) Otros (1) POESIA (1) poesía (4) policiaca (1) Recomendaciones literarias (2) Reflexiones literarias (1) Relato (8) relato histórico (2) relato mitologico (2) relatos (12) Relatos Oeste (1) Relatos. (18) Relatos.  Mis Reseñas (3) Reportaje (3) reportaje biográfico (2) reportaje viajes (3) reseñas (1) Reseñas (1) Teatro (1) Textos Memorables (4) Thriller (6) Western (7)

Seguidores

Archivo del blog