11/8/14

TIEMPO DE VERANO

CRÓNICAS PLAYERAS I
  



Ha llegado el calor; y con el calor, las huidas masivas hacia lugares más frescos o hacia los sitios de veraneo, que, sean frescos o no, al menos nos permiten un cierto relax, o al menos eso es lo que se busca. Así que hacemos las maletas, procuramos llevarnos todo lo posible para que no nos falte el confort de la ciudad, y para hacer lo que tenemos pendiente durante meses: lecturas atrasadas, películas que hace siglos queremos ver, sandalias, bañador, cremas para el sol...en fin, que la maleta va a rebosar, y nuestras expectativas también. Después de un largo trayecto en el coche o en el tren, cansados pero felices, arribamos a nuestro destino. ¡Mmmm....ya se huele el aire marino!
En mi caso, me desplazo a una localidad mediterránea, que, aunque tiene bastante vida durante todo el año, en el verano la población crece y se multiplica por doscientos. Y no sólo la población, sino los automóviles, los ruidos, los atascos, las tumbonas en la playa y los gritos infantiles. Más de la mitad de la población es foránea, principalmente anglosajona, aunque también hay muchos argentinos  Hasta el punto de que muchos viven durante todo el año, montan negocios para sus propios compatriotas, y se da el caso de que  si un nativo, o sea, mismamente yo, quiero comprar algo allí, me veo casi obligada a pedirlo en inglés. A veces, realmente da la impresión que estoy en su país ―un poco más soleado, eso sí― y no en el mío...pero me viene de perlas practicar el inglés gratuitamente.

LA CASA


La casa tiene una terraza abierta con vistas al monte arbolado y al mar al fondo, y una piscina estupenda, donde espero hacerme unos cuantos largos al día y recuperar mi tono muscular o al menos, mantener lo que queda de él. El césped invita a paseos con los pies descalzos, sintiendo la humedad en mis extremidades maltratadas por los zapatos de tacón invernales. Palmeras, pinos, muchas buganvillas rosa, violeta y rojo oscuro, un maravilloso cuadro colorista y llamativo. El viento, que suele soplar a partir del mediodía,  hace un sonido delicioso al deslizarse con fuerza entre los árboles. El llevant o levante, viento fresco y húmedo del mar, y el llebeig, o lebeche, el viento de suroeste, cálido y seco, mientras las chicharras le acompañan con su única nota constante, consiguiendo unas modulaciones monocromáticas deliciosas, que producen somnolencia al cabo de un rato de escucharlas, tumbada en una hamaca. Curiosamente son los machos, los chicharros, los que tienen el órgano fonador, y cantan, ¡cómo no! para atraer a las hembras, y para aliviar sus calores.

 Por las mañanas, me despierta otro canto: una multitud de pájaros. Creo que han anidado en el tejado sobre mi ventana, porque los oigo como si realmente compartieran mi dormitorio, además de observar cada mañana sus múltiples deposiciones. Otra cosa que me despierta es el sol mañanero, que es el despertador más seguro. Mi ventana da a levante, con lo que, a partir de las siete, o a la hora que toque según el día del mes, el astro rey lanza sus terroríficos rayos...directamente sobre mi ojo izquierdo, con lo que mi primer movimiento se dirige a las cortinas, para cerrarlas y poder seguir con mi dulce sueño. Sigo escuchando a los simpáticos pajarillos, que a voz en grito piden el desayuno a sus alados progenitores. También oigo ―¡vaya por Dios!― al perrito de los vecinos de enfrente, que a esas horas se despierta y nos regala unos fuertes ladridos, muy reconfortantes, como para decirnos que ya está bien de dormir tanto, hay que levantarse y disfrutar de una mañana estupenda. Y  hasta me llega el canto de un gallo lejano, que no para de lanzar al aire su kikirikí, como es habitual en su especie, incluso escucho los relinchos de un caballo (¡Sí, un caballo!) además, del inevitable llanto del bebé de los vecinos que ya acaba de despertarse de mal humor.

Visto que no puedo seguir durmiendo, enciendo la radio para escuchar las noticias, amodorrada aún entre las sábanas. Las temperaturas parece que se han vuelto locas...mmm, no, perdón, creo están hablando de la Bolsa, que también. Los anuncios me abren el apetito, así que bajo a ver qué hay en la cocina para desayunar. Sé muy bien lo que hay, yo misma lo compré ayer por la tarde en el supermercado, pero por las mañanas una desea que la sorprendan agradablemente. Y efectivamente, la sorpresa me la llevo cuando encuentro la cocina absolutamente ennegrecida por un ejército de hormigas, dándose un festín con unos minúsculos restos de la cena, que habían caído al suelo. En fin, me armo de spray desinfectante, cubo y fregona, y me dedico a acabar con aquella marabunta, acordándome del finado Charlton Heston... ¡Delicias del campo! Finalmente puedo desayunar mis tostadas con mermelada, zumo de pomelo, y un par de tazas de café negro con canela―¡cómo lo necesitaba!―, mientras escucho una pieza para oboe y fagot de Scarlatti. 

LA PLAYA

Bueno, me digo, ahora un paseíto por la playa y luego un buen baño en la piscina. Monto en mi bólido ―es una manera cariñosa de hablar de un pequeño utilitario ―y, después de casi tres cuartos de hora para llegar y otros tantos para encontrar aparcamiento ―es temporada alta―consigo mi propósito. Es una playa amplia, en forma de concha, de arena fina, con unas cuantas palmeras. A esa hora, ya empezaban a llegar algunos madrugadores. Aprovecho que la orilla todavía está libre y me doy un delicioso paseo hundiendo  los pies en el agua, recibiendo las olas. El sol ya calienta como para derretir un buen helado y agradezco el sombrero que me protege de sus ardorosos rayos. Cuando ya me he recorrido toda la orilla en un sentido, me vuelvo para recorrerla en el contrario, y compruebo que ha aumentado bastante el personal playero: consiste, sobre todo, en simpáticas, pacientes y abuelas autóctonas, neverita portátil en ristre, con gesticulantes nietecillos, armados de cubo y pala, que se dirigen veloces a la orilla, gritando de felicidad y dando saltitos. Los sufridos abuelos, en retaguardia, llegan cargados con la sombrilla, las silletas plegables, las toallas, flotadores y demás aditamentos imprescindibles para soportar varias horas bajo el tórrido sol veraniego, mientras los padres de las criaturitas duermen plácidamente en casa, tras una noche en blanco. Algún otro nieto más crecidito porta una red para cazar cangrejos, medusas y otros animalillos marinos que se pongan a tiro. Y otros, ya más juveniles y no necesariamente nietos de nadie presente, juegan (con la mano libre que les deja el móvil) con las inevitables pelotas de goma, y con esas otras pelotitas con una especie de redecilla detrás, que se golpean con una pala y que suelen ir a parar al ojo del vecino más cercano.


De pronto tropiezo con alguien: es un corredor mañanero, ya no tan juvenil, colorado como un cangrejo, sudoroso y maloliente, que corría en mi dirección a toda pastilla y al que no había visto venir.  Al cabo de un momento ya me he topado con seis o siete corredores más, igualmente sudorosos y malolientes. Decido retirarme de la orilla y volver al paseo marítimo. Me cruzo con varios grupos de turistas extranjeros que avanzan penosamente por la arena, buscando afanosamente el mejor hueco donde extender sus esterillas y toallas, para tumbarse y freírse al sol cual sanlorenzos nórdicos. Ya empieza a estar concurrido esto... ¡Cada vez vienen más temprano!, me digo a mí misma.

Las tiendas de objetos playeros ya están abiertas, las cafeterías y heladerías también, donde algún trasnochador ahora disfruta de su desayuno mientras recibe la brisa marina y los inclementes rayos solares. Los restaurantes están de limpieza general, preparándose para la avalancha del turismo que a partir del mediodía ya quiere deglutir la paellita o la fritada de pescado, con un hambre canina, después del baño, o antes de él. Curiosamente, los turistas británicos (y nórdicos en general)  suelen comer a la inglesa y a la española, ¡a la vez!, con lo que a las doce se toman un tentempié y a las tres la paellita, a las seis el té o lo que sea que les sirvan con ese nombre, y a las diez de la noche cenan con el resto de españoles en las terrazas, entre el bullicio general, y allí siguen hasta  la madrugada, copa tras copa, encantados de la vida y de un clima que parece tropical, además de un país que no le pone horarios a su  ingesta de alcohol. Esto último creo que es lo que más les entusiasma.

Me giro hacia la playa, para despedirme del mar hasta otro día, y el espectáculo me deja francamente desalentada: ya casi no queda un espacio libre en la primera línea y en segunda y tercera hay mucha ocupación. ¡Si apenas ha pasado media hora! 
Los hay de todo género, tamaño y procedencia. Desde el musculitos que se dedica a exhibir palmito por entre las damas cuarentonas, mirándolas de reojo para ver el efecto causado; el cincuentón de prominente barriga cervecera, camisa abierta y bermuda de cintura bajada, con gorrita de béisbol o sombrerito de paja, concentrado en el periódico deportivo; las jovencísimas de talla 34, todo esquinas huesudas, tatuadas y agujereadas, y con la mínima expresión de bikini, muertas de sueño sobre la alfombrilla, porque aquí acaban su noche, pero pegadas al móvil, por si acaso. Por el contrario, las también jóvenes talla 48, tratando de imitar a sus amigas en cuanto a la ropa, con efecto estéticamente adverso, al desparramarse los michelines por doquier. Excepcionalmente aparecen algunas esculturales bellezas, tumbadas lánguidamente al sol, hablando por el móvil interminablemente, mientras muestran sus encantos a todo el que quiera mirar. Visto que ya van bajando los padres de las criaturitas, aún con el gustillo al café con leche y dispuestos a darle un cachete a sus retoños, que ya están pasándose de la raya con los abuelitos, y que los jugadores de voley-playa empiezan a tirarse la pelota, me despido por hoy del espectáculo playero. Hay bandera verde, el baño es seguro, hoy no hay medusas, el calor está garantizado y el personal dispuesto.

LA PISCINA

Retorno a casa para darme mi baño: lo prefiero en la piscina, la verdad. Luego de un largo rato del inevitable atasco automovilístico –ya se ha hecho muy tarde― consigo llegar a  casa, sudorosa y agobiada por el calor, y  me dirijo, toalla en mano, a la piscina, pero, ¿Qué ven mis ojos? Es increíble: un par de arañas descomunales, negras, peludas, espantosas...bañándose placenteramente en el agua, ¡mi agua! pataleando gozosas con sus ocho inmensas patas cada una.  Por supuesto, bajo ningún concepto entro en el líquido elemento hasta que las indeseadas bañistas acaban por ahogarse y van a parar al filtro de la piscina. No podía imaginar que existieran seres tan repugnantes... ¡Cielos!, me digo, si esto es el campo, ¡Bendita la ciudad!
Finalmente puedo disfrutar de mi deseado baño, pero no crean, no las tengo todas conmigo y me meto al agua con mis gafas, para avistar al enemigo con tiempo. Unos buenos largos, varios ejercicios de abdominales, y salgo como nueva. Para reponerme, me atizo al salir un martini doble que me sabe a gloria, mientras las libélulas zumban y cruzan veloces sobre la piscina, atraídas por el frescor del agua, así como otros insectos ya no tan atrayentes como avispas y abejorros se refocilan por el césped, dispuestos a proporcionarme una buena picadura si persisto en pasear descalza.


Degusto mi comida muy agradablemente en la terraza, lo que atrae algunos indeseados moscardones, y paso el rato moviendo los brazos como un burro su cola, aunque, eso sí, disfrutando de un paisaje espléndido, de la visión y los cantos de mirlos, gorriones, palomas, las elegantes golondrinas,… así como del zumbido monocorde y atronador de las chicharras, a esa hora en su máxima potencia.

 Sn embargo, a eso de las tres y pico de la tarde, cuando aún tengo el sabor de mi habitual onza de chocolate como punto final de mis comidas y me auguro una tranquila siesta, libro en mano, al lado sombreado de la piscina, escucho un chirrido e inmediatamente el rugido de una máquina cortadora de césped. ¡Horror! Los jardineros, que, una vez respuestas las fuerzas con un buen almuerzo, se disponen a trabajar, justo en el jardín de al lado. En fin, ¡qué le vamos a hacer! Me pongo los tapones para los oídos, que siempre llevo conmigo, y me dispongo a resistir el asalto. El campo, ya se sabe.


27/7/14

EN LA BIBLIOTECA DE FERNANDO DE VILLENA

127 LIBROS PARA UNA VIDA (BIBLIOTECA)

FERNANDO DE VILLENA

Ediciones Evohé, 2014

La biblioteca personal es algo muy propio, muy íntimo, muy privado. Abrirla al público es abrir nuestra alma, por así decirlo. Es casi como abrir nuestro diarioPorque los lectores somos, en gran parte, lo que leemos.  De nuestros autores favoritos tomamos ideas, paisajes y paisanajes, quizás son favoritos porque nos dicen cosas que nos hacen pensar, o lo que queremos oír, o lo que  ya pensábamos antes de leerles y nos lo confirman con bellas palabras.Todo cabe. Lo cierto es que los que hemos leído mucho, (aunque nunca suficiente) siempre estamos dispuestos a hacer una lista de aquellos escritores que conformarían nuestra biblioteca en una isla desierta…o, siendo s realistas, en la isla que supone nuestro estudio doméstico, esa habitación propia que la gran Virginia (una escritora, que, por cierto, está ausente en el libro) nos recomendaba con toda la razón del mundo.
El escritor granadino Fernando de Villena aporta con este libro su granito ( o más bien, su saquito) de arena con el loable propósito de proponernos su biblioteca ideal. Aunque en esto de seleccionar libros de obligada lectura siempre intervienen las variantes personales, los gustos de cada lector, que hacen de la lista algo no tan ideal sino más subjetivo, más cercano a la personalidad de cada uno. Cierto que hay autores que son universales y que entran en todas las listas, pero como comprobaremos en la que Villena nos propone, hay muchos que no están, a cambio, claro, de ausencias que a alguno pueden parecerle imperdonables.

Aunque escritor y poeta, Fernando de Villena también es profesor de literatura, y a todo profesor incluso aunque deje de impartir clases, le queda un estigma, un cierto olorcillo a academia, a escolar, algo inevitable, que, como una vieja cicatriz, sigue incorporada a su cuerpo, aunque los años la vayan diluyendo.

Villena divide el texto, cual si de una enorme estantería se tratara, cuyos estantes va llenando, clasificándolos por secciones, literaturas nacional e internacional, y por periodos históricos correlativos. Esos periodos nos son mostrados como paralelos a su iniciación en la lectura (de ahí que recuerde la forma de diario), por lo que comienza un breve y curioso capítulo dedicado a los tebeos. Muestra después las obras que le hicieron entrar en la comunidad lectora, obras que le impresionaron, otras que le sirvieron de consuelo en sus momentos bajos, y otras que considera imprescindibles para todos aquellos que aman la literatura. En el comienzo...era el Verbo: comienza, pues, por la Biblia. Homero, Virgilio, ...y de ahí hasta nuestros días. Mucho y muy comprimido, podría decir alguno.

En la clasificación, pues, tenemos al profesor y en la redacción, al escritor de diarios. Pero Villena no solo recomienda un libro por apartado, sino que al referirse a él, da noticia de otros muchos libros, por lo que aquí tenemos al lector y al especialista; y además, en sus comentarios y reflexiones, transmite esa emoción que sintió al leer tal o cual obra, sobre todo poesía, citando versos, poemas, voces, adjetivos, . Y aquí tenemos al poeta.

Hay, sin embargo, en esta personalísima selección, un deje de pesadumbre, una repetida referencia a la situación actual, calificada como una segunda edad oscura, en la que el autor se lamenta del desinterés por las letras, de la preponderancia del producto/libro sobre la calidad literaria de los textos, de la sempiterna marginación de las letras en España, …y no es que le falte razón en sus quejas, pero en mi opinión, es algo tan obvio que no necesita tanta insistencia. Le notamos dolido, indignado, a veces.

También hay una preferencia en su elección por la poesía y los poetas, preferencia lógica por la trayectoria de Villena, que se inclina más hacia la poesía, aunque no abandone la ficción y el ensayo. Y sin embargo, se nota una ausencia, la del mundo femenino en la literatura. De pasada cita a Emily Dickinson, a Mary Shelley, dedica a Doña Emilia Pardo Bazán un apartado, sí, pero visto en general, parece como si la literatura que él prefiere haya sido la protagonizada por el género masculino. No es que por ello debamos acusar al autor de misógino, de ningún modo, sólo que resulta llamativa esa carencia.
Tras el recorrido por la historia de la literatura, destacando las lecturas preferidas, finaliza el libro con un apartado donde nos habla de los autores que el autor ha conocido personalmente y cuya obra considera muy destacable. De cada escritor que destaca, elige una obra o una antología, porque para él le resulta más relevante o considera que le ha impactado personalmente más que otras. Los escritores del siglo de oro, época que Villena ama y conoce profundamente, se explayan e inundan las páginas del libro. Y lo hace de un modo muy llano, de tu a tu, muy directo al lector.

Villena quiere enseñar deleitando. Y si vamos con calma, leemos un trozo hoy y otro mañana, efectivamente nos deleita. En suma, esta obra nos sabe a una mezcla de diario y de manual,  un libro que no se debe leer de seguido, porque puede resultar algo agotador, por la cantidad de nombres y datos aportados en cada breve apartado. De hecho, el propio autor aconseja en el prólogo la lectura alterna de varios libros a la vez, según el espacio donde estemos leyendo: no se puede leer a Shakespeare en el metro, como tampoco la Odisea en la playa, por mucho que Homero nos hable del mar y de las playas mediterráneas. La poesía requiere lectura breve y momentos de placidez y quizá nocturnidad, y el Quijote no es aconsejable llevarlo a una ruidosa cafetería, ( o al menos, no es el sitio ideal para su lectura).  Y en la medida que a lo largo del día cambiamos de espacio (salvo especial confinamiento carcelario u hospitalario) Villena nos recomienda alternar.

Libro que abre muchas puertas, anima a leer a autores que quizás no hemos tenido en cuenta, o a releer clásicos olvidados, cuenta anécdotas según va recorriendo su desarrollo personal y el desarrollo literario, comenta ideas o compara unos textos con otros... Didáctico y pedagógico, sin ser un manual académico, define a su autor a la vez que aplaude las buenas lecturas y el gozo de leer.

Escritor y poeta español, Fernando de Villena (Granada, 1956) es conocido por su obra poética, muy influenciada por el siglo de oro, además de por sus novelas y ensayos, donde ha tratado con frecuencia el género histórico. En la actualidad combina su trabajo como profesor de literatura española con su carrera como creador.


Ariodante
Julio 2014



  

23/7/14

CELLINI: UNA VIDA PRODIGIOSA

V I D A

BENVENUTO CELLINI

Alianza, 2006


Contemporáneo del también florentino Miguel Ángel Buonarrotti, al que admiraba apasionadamente, Benvenuto Cellini (Florencia, 1500 - 1571) fue un excelente orfebre y escultor florentino, que, además de escribir y publicar dos tratados, uno sobre orfebrería y otro sobre escultura, también hizo escribir al dictado y publicó esta su Vida. Prototipo del artista renacentista, destacaba en muchas facetas, como la música, el dibujo, la orfebrería, la escultura, la poesía, la caballería, la caza, la espada, las artes de la guerra....Aunque principalmente fuera un gran orfebre, uno de los más importantes de su época, realizando monedas labradas, joyas, floreros y adornos exquisitos, para los mecenas que le protegían y encargaban obra. Reyes, papas, duques, cardenales requerían sus servicios y le admiraban profundamente. Pero asimismo no carecía de enemigos que en múltiples ocasiones volvían contra él a los protectores más acérrimos.
Vivió en unos años en los que las intrigas eran el pan nuestro de cada día, las reyertas a espada o a puñal, los envenenamientos tras enormes comilonas, en fin, lo que nos relata parece una novela de aventuras a lo Dumas,  pero es real...aunque a veces exagere un poco (¿quién no lo haría?). Sin embargo, del mismo modo que exagera, reconoce sus errores y sus arrebatos violentos, y sabe frenarse en muchas ocasiones que de no hacerlo le hubiera ido la vida o la prisión. Aún así, no se libró de esta, y además, de modo claramente injusto, por envidias y odios ajenos, maledicencia y deseo que quitarle de en medio en el favor de los poderosos. El eterno odio al que destaca, al que es francamente bueno en su trabajo. Esto no ha variado mucho desde entonces.

Esta autobiografía es, pues, un testimonio no solo de una vida sino de una época, aunque no debamos tomarlo al pie de la letra en todas sus afirmaciones, sobre todo las que describen las visiones o alucinaciones que sufrió en diversas situaciones, como cuando estaba gravemente enfermo o encarcelado. Cellini era un hombre muy temperamental, ardiente, pero muy consciente, a su vez, de su valía como artista, del mismo modo que lo era Miguel Ángel. Y por tanto, se defendía ante cualquiera que quisiera atacar su arte. Se defendía de todas las maneras posibles en un hombre honrado y valeroso, incluyendo la espada o el puñal. Y del mismo modo que reclamaba el pago de sus obras a los que se las encargaban, también era capaz de ofrecerlas gratuitamente por el puro placer de servir a uno u otro señor. Cosa que no siempre se apreciaba…los grandes mecenas del momento gustaban de tener a su servicio a grandes artistas, no sólo por el gozo de obtener obras bellísimas, sino por el placer de tener tales artistas a su servicio. A mayor maestría en ellos, mayor prestigio proporcionaban a sus señores. Pero muchas veces "olvidaban" que las obras necesitan materiales, además de talento para ejecutarlas, y espacios adecuados, además de una manutención digna. Los sufrimientos de Cellini se equiparan a sus goces. La etapa en la que sirvió al rey de Francia, Francisco I, que le arrancó de las prisiones donde le tenía el papa Farnese, puede calificarse como la más placentera y cómoda. Pero así como tuvo al rey como protector y amigo, tuvo a una enemiga mortal, la amante del rey, Madame d'Etampes, que finalmente consiguió expulsar de la corte y de Francia a Cellini. Alejandro Dumas escribió una novela, Ascanio, en la que toma su argumento de las andanzas y aventuras del orfebre y escultor florentino en la corte francesa. De esa etapa queda el maravilloso salero de oro con las figuras de el Mar y la Tierra, que, aunque la comenzó pensando en el Cardenal D'Este, finalmente quedó en poder del monarca galo.
Pero antes de irse a Francia, nos narrará el sacco de Roma, visto desde las troneras del Castillo Santangelo, defensa en la que participó con arrojo y valentía, lanzando cañonazos a diestro y siniestro, e hiriendo -supuestamente por un disparo suyo- al duque Carlos de Borbon. Un mes entero estuvo defendiendo el Castillo. Y el comentario de Cellini, que durante ese tiempo cambia su profesión de artista por la de artillero, es el siguiente: " yo, que tal vez estaba más inclinado a aquella profesión que a la que consideraba como mía, lo hacía con tanto gusto que me salía mejor que mi profesión." La única actividad que a pesar de dársele bien, no disfrutaba con ella, era la musical, quizás porque era una imposición paterna...pero ella le llevó a los Medici y de ahí saltó a la orfebrería, donde destacaría  en seguida por su habilidad y buen hacer.
Lo atractivo de esta obra es que Cellini pone todo el ardor y la emoción en contarnos todas aquellas cosas de su vida que cree importantes y cuyo recuerdo le hace revivir esos momentos y nos parece estar presenciándolos mientras le leemos. No es un ejercicio de estilo, Cellini escribía a veces poemas, pero no era literato, su lenguaje es casi coloquial: nos abre su memoria y su corazón, describiendo tanto sus actos como sus pensamientos y emociones más vivas. ¡Y era todo un carácter!

Además, traslada reflexiones de lo más valioso como "mucha más gloria alcanzaré si muero injustamente, que si muriera con razón", hecha cuando, tras la muerte del papa Clemente VII, se encuentra preso por las intrigas del nuevo papa Paulo III y su hijo, Pier Luigi Farnese, que le acusan de robar joyas durante el saqueo de Roma. El relato de su evasión de la cárcel no desdice en nada del que más adelante haría Giacomo Casanova de la prisión de Los Plomos de Venecia. En otro momento cuenta de ritos nigrománticos, en los que participó en algunos momentos de su juventud; nos habla también de sus aventuras amorosas con las damas (o mejor, con las prostitutas o criadas, que eran las más asequibles) con las que nunca se casó. Las relaciones de amistad y lealtad le son muy importantes, por lo que le subleva la traición de sus allegados.
Finaliza, tras contarnos sus aventuras desde la infancia y juventud hasta el año 1567, es decir, cuando el artista tenía 67 años. La narración se interrumpe sin más explicaciones. Pero antes nos ha contado todos los avatares y sufrimientos que le llevó la fundición de su Perseo en bronce, para la Loggia dei Lanzi, en Florencia. Encargo del duque florentino, que se lo puso difícil y complicado, pero Cellini era tozudo cuando estaba convencido de tener razón, así que finalmente lo realizó, y podemos admirarlo aún.
Mújica Láinez (1910-1984), en su magnífico fresco histórico Bomarzo, cita pasajes de Cellini que remiten a la Vida. Y el artista es un personaje más de la novela del insigne escritor argentino. La Vida de Cellini es, pues, obra imprescindible para los amantes del arte y de la historia, sobre todo del Renacimiento. Pero también a los que les guste la aventura y el género autobiográfico.

Ariodante

Julio 2014

Etiquetas

 Mis Reseñas (1) Antología (3) Anuncios y Notas (1) arqueologico (1) arte (1) Artículos literarios (2) Articulos viajes (1) autobiografía (6) Cartas (2) ciencia ficción (1) Clásicos (1) Comentarios Artísticos (8) Comentarios Cinéfilos (11) Comentarios Cotidianos (7) Comentarios especiales (9) Comentarios Literarios (5) Comentarios Nostálgicos (6) comentarios poéticos (3) Comic (1) Cómic (2) Conferencias (1) cuento (2) cuentos (1) Cuentos Ilustrados (1) Drama (1) ensayo (11) Ensayo arte (1) Ensayo biografico (14) Ensayo de arte (1) ensayo histórico (7) Ensayo literario (6) Ensayo Viajes (1) Ensayos arte (1) Entrevistas (2) Eventos (33) Eventos artísticos (2) Eventos Literarios (35) libro ilustrado (2) Libros de viajes (3) literatura viajes (3) lliteratura de viajes (1) Memorias (5) Microrrelatos (2) Mis lecturas (9) Mis Reseñas (530) mitologia (1) mitología (2) naval (2) Notas (1) Novela (80) novela aventuras (14) Novela biográfica (6) novela ciencia ficcion (1) novela corta (19) novela de viajes (2) novela decimonónica (7) novela del oeste (3) Novela épica (2) Novela espías (3) novela fantastica (2) novela fantástica (5) novela historica (38) Novela histórica (33) Novela histórica naval (19) novela intriga (20) novela japonesa (2) Novela polciaca (8) Novela policiaca (5) novela psicológica (1) Otros (1) POESIA (1) poesía (4) policiaca (1) Recomendaciones literarias (2) Reflexiones literarias (1) Relato (8) relato histórico (2) relato mitologico (2) relatos (12) Relatos Oeste (1) Relatos. (18) Relatos.  Mis Reseñas (3) Reportaje (3) reportaje biográfico (2) reportaje viajes (3) reseñas (1) Reseñas (1) Teatro (1) Textos Memorables (4) Thriller (6) Western (7)

Seguidores

Archivo del blog