16/10/15

BELLEZA BARROCA

AMAR TANTA BELLEZA


HERMINIA LUQUE
Fundación José Manuel Lara, 2015
Premio Málaga de novela 2015


Poca noticia tiene el lector medio e incluso el avezado, salvo que sea un especialista en Literatura, para dar con los nombres y las vidas de las dos protagonistas de esta narración, María de Zayas de Sotomayor y Ana Caro de Mallén, escritoras en un siglo dorado donde las letras no eran, sin embargo, la dedicación habitual en una mujer: a mediados del XVII todo lo más que solía ocurrir era que las damas acudieran, “tapadas” a las academias literarias, reuniones donde se hablaba de poesía, comedias o dramas, cuyos participantes activos solían ser masculinos. A diferencia de los salones franceses de la aristocracia, donde tanto caballeros como damas acudían (sin tapar) y se relacionaban de un modo más directo. Incluso la mayoría de los salones estaba auspiciado por damas de la aristocracia francesa, que acogían periódicamente en sus salones a músicos, literatos y artistas en general.
En España, o mejor dicho, en la Corte de Madrid, alguna dama de la nobleza se atrevía a organizar “academias”, que consistían parte en meriendas con chocolate y dulces, parte en lecturas literarias masculinas…con alguna excepción, como en este caso, doble: María de Zayas y Ana Caro.

Es esta una obra estructurada al modo epistolar: el prólogo tiene forma de correo electrónico, le sigue una curiosa nota de sucesos, y el cuerpo central lo ocupan dos largas cartas, una a modo de confesión, otra a modo de relación informativa, incluyendo también un testamento. Finaliza con un simbólico certamen poético y un epílogo con forma de tweets que resumen (y evocan) en forma muy actual los avatares editoriales de las protagonistas de las vidas narradas. De una y otra escritoras se sirve la autora para ficcionar episodios principales de sus vidas, momentos en que coinciden y se acompañan en su vivir, que por desconocidos o conocidos muy someramente, permiten a la imaginación una libertad de movimiento, que la autora aprovecha.

Tanto la narración de Ana Caro, como la de María de Zayas dejan traslucir muchas cosas, además de sus vidas, de las cuales, realmente, apenas dan unas brillantes pinceladas; pero nos trazan un bello esbozo de cada una. Como una de esas pinturas inacabadas, que tras dibujar y colorear a la perfección una parte de ellas, deja lo demás en un simple boceto, en unas líneas o manchas de color difusas o borrosas. La relación entre ambas damas es una relación estética, no exenta de calor humano y de cariño: “Amé la belleza de su alma, que el alma no es hombre ni mujer(…) Si amar tanta belleza es pecado, he pecado, sí” afirma María en su carta.
Lo que traslucen los textos, a modo de escenario, es la vida en la España de Felipe IV, las costumbres, festejos, tipos curiosos, el mundillo cultural y, principalmente, los roles sociales y las diferencias entre lo que se esperaba de hombres y mujeres. Y esto es presentado desde el punto de vista de dos mujeres que se salen del común. Dos mujeres que ni desean matrimoniar ni profesar en religión, que eran los dos estados honrados de la mujer. El otro estado, el de la prostitución, ni se contempla por parte de ninguna de las dos; queda para mujeres de baja condición y poco honradas. Las dos, Ana y María, coinciden en mostrar una cierta aversión a la relación con los hombres, sobre todo, a situarse en dependencia de ellos, tanto si es emocional, sexual o simplemente, contractual, lo cual las aleja del matrimonio, pero también de cualquier relación con el otro sexo que vaya más allá de las literarias y formales puramente.
Pero si no desean matrimoniar ni profesar, ¿qué ambicionan ambas? Las letras. Desde muy niñas, tanto María de Zayas como Ana Caro mostraron una determinación férrea hacia un objetivo: la literatura. Leer, leer muchísimo, leer todo lo que caía en sus manos, y posteriormente escribir, emborronar resmas y resmas de papel con sus ocurrencias, emociones, ideas, sueños y ficciones. Y publicar los resultados, hacer llegar al público sus obras, lo cual también en aquella época presentaba dificultades.
Cada una ha llevado, hasta el momento de su encuentro, una vida dispar, de la cual tendrá información el lector en la relación de ambas cartas. También el lector verá a María con los ojos de Ana y viceversa. Y serán miradas distintas, aunque la convivencia entrambas –breve, sólo unos meses- será feliz y dulce. Pero ¡ay! La felicidad suele ser pasajera y momentánea, frágil y quebradiza. La separación, por causas que más adelante se irán sabiendo, repone a la soledad a cada una de estas damas, que se refugian en su quehacer literario para el resto de sus vidas.
No falta en estos relatos el humor, siempre sutil, a veces corrosivo, utilizando a personajes secundarios (como, por ejemplo, las criadas: Mari Cépalo), ni tampoco falta el discurso enaltecedor de los valores de la mujer como ser humano, como persona, frente a aquellos que la desean “con la pata quebrada y en casa” o vistiendo santos. “El mal, que sepamos, está en el alma del que obra, no repartido según el sexo, los hombres cargados de maldad y las mujeres llenas de ternísimas bondades, bien sabemos que no”, razona Ana, como contrapunto a la fuerte reacción de María ante el peligroso Ambrosio Pancorvo. Sin embargo, no aplauden los escritores masculinos la competencia femenina, y tratan por todos los medios de desvirtuarla, denigrarla o silenciarla. Y cuando digo por todos los medios, incluyo la calumnia, la humillación y la violencia.
Violencia que ya aparece en la breve noticia del principio: el descubrimiento de un cadáver femenino momificado, entre dos paredes de una casa, con la específica nota de que había sido el hermano de la víctima quien causara su desgracia y letal destino. Este es el anticipo, el aperitivo de los siguientes platos a degustar.

Y se degustan muy placenteramente, porque si otra cosa es destacable en esta pieza literaria es su lenguaje. Cuidado en grado sumo, la autora del texto reproduce muy acertadamente lo que podría ser el lenguaje de la época, adaptado al lector actual, trufando el texto de refranes, dichos populares, y referencias muy sutiles a la actualidad. Muy interesante y curioso es el fragmento en el que María habla de las cosas importantes cuyo nombre comienza por una letra muda: la hache. Historia, humano, hombre/hembra, hambre, habla, hermosura, … Asimismo hay teoría literaria en el texto, desgranada aquí y allá: “las novelas han de sostenerse por sus letras, por lo que dicen y el modo en que lo dicen, pero en absoluto por las intenciones de los que las escriben.”
En suma, un libro que ha ganado merecidamente el premio, y que ha sido editado con primor, desde la excelente imagen de la portada a la composición de los textos en el conjunto.

Fuensanta Niñirola
Oct.2015


Herminia Luque (Granada, 1964) es escritora y ensayista. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Granada, reside en Rincón de la Victoria (Málaga) donde ejerce como profesora de Secundaria. Ha publicado las novelas ‘Bitácora de Poseidón’ (2010), ‘El códice purpúreo’ (2011) y ‘Al sur de la nada’ (2013). Sus relatos están incluidos en antologías como ‘Narradores almerienses’ (1991), ‘Relato español actual’ (2002) o ‘Espacios’ (2003). En 2014 recibió la mención especial Emma Tirado del XV Premio de Ensayo Carmen de Burgos por su obra ‘Siempre guapa. El imperativo estético en la sociedad contemporánea’ (de próxima aparición). Su novela ‘Amar tanta belleza’ ha sido galardonada con el Premio Málaga de Novela 2015.

12/10/15

EDVARD MUNCH CON SUS PROPIAS PALABRAS

EL FRISO DE LA VIDA


EDVARD MUNCH

Selección de textos y pinturas: Victoria Parra
Traduccion de Cristina Gómez-Baggethun y Kristi Baggethun
Prólogo de Hilde Bøe, (Museo Munch)

NÓRDICA LIBROS, 2015

La presente edición recopila una serie de textos, en su mayoría breves o brevísimos, escritos por el artista noruego Edvard Munch en sus Diarios y libretas de notas. Por una parte, Munch escribía múltiples notas, plasmando ideas para elaborar luego sus pinturas, comentarios sobre algunas de ellas, cartas donde explicaba detalles de su obra o sus ideas sobre el arte. Pero por otra,  hizo intentos de escritura literaria, propiamente dicha: poemas, textos poéticos, esbozos y experimentos lingüisticos con valor en sí mismos, no referidos a la obra plástica.  En general son textos que suponen una conversación consigo mismo. El carácter introvertido de Munch unido a su necesidad de comunicarse, favorecía que usara esta vía indirecta, paralela a su propia trayectoria plástica. Sin embargo, como muchos de estos escritos están dirigidos a sí mismo, no le importa descuidar la forma, la escritura es irregular, inacabada y muchas veces cargada de hermetismo para los que no eran de su entorno. No pensadas la gran mayoría para ser publicadas, al artista no le preocupaba el estilo ni su inteligibilidad, ya que él sabía muy bien de qué estaba escribiendo.
No solo escribía en noruego, sino en francés o alemán, y se han llegado a recopilar unas 13.000 páginas manuscritas. Solamente aquellos textos escritos para ilustrar sus pinturas, principalmente las que componen la serie de El friso de la vida, o aquellos en los que esboza sus teorías sobre el arte y la actividad artística general, están pensados para ser leídos por el público y están más cuidados formalmente.
“Estos cuadros son estados de ánimo, impresiones de la vida espiritual que en conjunto constituyen el desarrollo de esa lucha entre el hombre y la mujer, denominada amor-” (fragmento de texto explicativo de El friso de la vida)

Como nos recuerda H. Bøe en el prólogo, la idea de “escribir su propia vida” le fue sugerida  por Hans Jaeger, líder del grupo Bohemios de Cristiania, con los que tuvo una fuerte relación en sus años juveniles de formación en Noruega. Esta “escritura de su vida” la entendió de dos modos: con las palabras y con las imágenes plásticas.
 De ahí que sus pinturas sean narrativas, sus cuadros, dibujos y grabados cuentan cosas: presentan situaciones que él o las personas de su entorno vivieron, y las emociones que le produjeron en su alma. La intención principal de Munch era expresar, mostrar estos sentimientos y emociones, el estado anímico, tras las diversas experiencias vitales que fue protagonizando personalmente o de las que tuvo conocimiento directo. 
Así, en esta edición se han agrupado los textos por secciones: aforismos y reflexiones sobre el arte; apuntes y reflexiones sobre su obra; esbozos literarios; diarios íntimos y, finalmente un breve cuento, “El gato blanco”. Todo ello trufado de ilustraciones con pinturas, fotografías y grabados del artista noruego, lo que hace un conjunto atractivo e interesante, que induce a saber más de este artista.

Edvard Munch (Løten, 1863- Ekely, Oslo, 1944), pintor y grabador noruego, considerado precursor del expresionismo, se nutrió de diversas fuentes artísticas y fue desarrollando su amplia y variopinta obra desde una primera fase más realista hasta otra enmarcada en el post-impresionismo.
Cultivó su técnica e intelecto, proclive a la experimentación, en diferentes estancias en ciudades europeas como Amberes, París y Berlín, en las que pudo entrar en contacto  con personajes tan destacados como Ibsen, Mallarmé y Strindberg.
Siempre presa de un atormentado carácter, llegó a sufrir una fuerte crisis nerviosa y decidió aislarse en un sanatorio de Copenhague, en 1908. Finalmente regresó a Noruega donde residió y trabajó hasta su muerte, cediendo la totalidad de su producción a la ciudad de Oslo y actualmente está en el Museo Munch de dicha ciudad.



Fuensanta Niñirola





5/10/15

MUNDO FLOTANTE JAPONÉS

UN ARTISTA DEL MUNDO FLOTANTE



KAZUO ISHIGURO
Título original: An artist of the floating world (1986)
Traductor: Ángel Luis Hernández Francés
Compactos Anagrama, 2009


Ishiguro sumerge al lector en el mundo japonés,  en esta su segunda novela, por la cual recibió el galardón Whitbread de Literatura. El la primera, Pálida luz en las colinas (1982) narraba la historia de una mujer japonesa afincada en Inglaterra, y en ella se mezclaban los recuerdos de su país con la vida en Occidente. En la novela que nos ocupa, la narración está situada por completo en el Japón de la posguerra, aunque hace incursiones a bastantes años atrás, ya que el narrador, Masuji Ono, un anciano artista retirado en su enorme y maltrecha mansión, cuenta en primera persona sus recuerdos, mezclados con los problemas de su relación con hijas y nieto en la actualidad (1948-50).
Hay que aclarar, para los que no estén familiarizados con la cultura y arte japonés,  que la expresión “pinturas del mundo flotante”, presente en el título, remite al término Ukiyo-e, género artístico gráfico japonés, muy popular, desarrollado desde el siglo XVII al XX  por el medio de la xilografía o técnica de grabado en madera. Retratan un mundo flotante de belleza y placer, un mundo irreal, de luces y colores en una atmósfera imaginaria. Se trata de la “estampa japonesa” que se empezó a conocer en Europa a mediados del siglo XIX,  causando un gran impacto en el mundo artístico, que por esa época también estaba en plena ebullición con los impresionistas.
Diversos temas están contenidos en la narración: nociones como culpa, traición, perdón, vergüenza, y una gran nostalgia del mundo desaparecido tras el terremoto de la guerra. Elementos simbólicos como el fuego, la propia simbología artística, el papel del artista en la sociedad, etc. también se pueden destacar de la novela. Y sobre todo, a lo largo de ella, se respira el contraste entre Oriente y Occidente, la cultura tradicional japonesa y la cultura occidental, simbolizada aquí por las aficiones del nieto, entusiasmado con El Llanero Solitario y Popeye, (mientras que su abuelo es incapaz de reconocer tales personajes) y los cambios arquitectónicos y sociales de la ciudad, el lento resurgir del nuevo Japón, mientras que los recuerdos del anterior aún están vivos en las mentes de muchos.

El anciano protagonista se encuentra ante un dilema: ha de casar a su hija menor, Noriko. Sépase que en el Japón, hasta bien mediado el siglo XX, era costumbre que los matrimonios fueran arreglados entre las familias, muchas veces sin conocimiento de los hijos/as. Generalmente se ocupaba de ello un intermediario o nakôdo, que investigaba a la familia que hacía la propuesta, y llevaba el peso de las negociaciones, hasta el encuentro formal o miai, (lo que en otros tiempos en España se llamaba “petición de mano”) donde las dos familias festejaban juntos y se presentaban a los novios.
Noriko había sufrido ya un desaire en una anterior propuesta de matrimonio, que se canceló por motivos no claros. Así, Ono pone todo su interés y apoyo en ayuda de su hija. Porque, además, es llevado a considerar que pueda ser su propio pasado el motivo del rechazo a su hija.
A lo largo de su vida, el viejo artista ha incurrido en comportamientos, decisiones y posturas políticas  que en la actualidad (la de la novela, es decir, la posguerra) se consideran sospechosos o humillantes, cuando no claramente delictivos. Por tanto, el artista hace un recorrido por los que fueron sus amigos y los que dejaron de serlo, para recomendar el silencio o al menos, la abstención de información en el caso de ser requeridos por el nakôdo.

El autor se vale de este subterfugio para hacer memoria, mostrando los recuerdos del narrador, que a veces son engañosos, porque la edad, la culpa o el remordimiento juegan malas pasadas a la mente. Ono experimenta sensaciones y sentimientos contrapuestos: al principio no se siente partícipe de los resultados de la guerra. Después comienza a darse cuenta de que toda acción pasada tiene su  implicación en el futuro y que ha de cambiar su actitud si desea asegurar el porvenir de su hija  Noriko.
Los aficionados al cine que conozcan la filmografía de Yasuhiro Ozu, observarán que esta novela tiene mucho parecido con la mayoría de los filmes del gran director japonés, sobre todo, los realizados a partir de la posguerra: el contraste entre el Japón imperial y el Japón democrático,  el choque de las costumbres tradicionales con las nuevas, que proceden del vencedor y que son aceptadas por los jóvenes con ilusión, mientras los mayores, que han participado en la guerra, sienten nostalgia del pasado. La vida familiar, el tratamiento de la muerte…en la novela, la mujer de Ono ha muerto a causa de un bombardeo, y también su único hijo, Kenji, participando como soldado en la campaña de China. Algunos amigos se han suicidado, e incluso sus hijas y parientes temen que Ono pudiera hacer lo mismo, como expiación de su culpa.
Otro elemento a destacar en la novela es la nostálgica mirada que el viejo artista dirige a la ciudad, comparando los barrios arruinados por la guerra, barrios que en otra época bullían de vida y de negocios, y las nuevas edificaciones que van apareciendo en estos años donde Japón inicia su reconstrucción y su cambio de paradigma político.
Ono va recordando la relación con su padre, además de las mantenidas con sus diversos maestros artísticos; las del pintor con sus alumnos, más adelante; la idea de la traición, no solo política sino también artística, cuando Ono abandona las teorías del “mundo flotante” para buscar nuevos horizontes pictóricos, huyendo de la rigidez académica.
Los diálogos y las situaciones, también llevan a recordar las películas de Ozu: nunca hay afirmaciones directas ni contundentes, todo son perífrasis corteses, indirectas insinuaciones hechas con la mejor de las sonrisas. Solo al niño, símbolo del futuro, se le permite expresar afirmaciones rotundas.
Novela corta pero densa, muy bien hilvanada y estructurada, en la que Ishiguro ya demuestra su dominio del lenguaje y la poética de su narrativa.


Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) Escritor británico de origen japonés. A partir de los seis años de edad vivió en Inglaterra, donde recibió una formación académica absolutamente occidental, desde la educación primaria hasta los estudios superiores, que cursó en la Universidad de Kent. Posteriormente se doctoró en Escritura creativa por la Universidad de East Anglia, donde recibió una marcada influencia del novelista Malcolm Bradbury, quien había fundado e impartido dichos cursos doctorales. Comenzó a darse a conocer en los círculos literarios del Reino Unido a comienzos de la década de los ochenta, aunque previamente ya había conseguido que le publicaran algunos artículos y relatos en varias revistas literarias.


Fuensanta Niñirola

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