30/11/15

JUNTO AL MISSISSIPI

LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER

MARK TWAIN

Ilustraciones: PABLO AULADELL
Trad.: Mariano Peyrou
Ed. Sexto Piso, 2015


Tom Sawyer es un clásico de la literatura juvenil y de todas las edades; su creador, Mark Twain, recrea en estas páginas su propia infancia y los recuerdos de Hannibal, un pequeño pueblo ribereño del Mississipi, en el estado de Missouri, al que la familia se traslada cuando Twain cuenta cuatro años. Así pues, confluyen en esta maravillosa narración la memoria y la exaltación del mundo infantil, donde realidad y ficción suelen estar aún mezcladas, por el imaginario feliz de esa etapa. El propio Twain en un prefacio de 1876 reconoce que hay algunas experiencias suyas relatadas aquí, pero que la mayoría son de amigos y compañeros de su infancia, entrelazadas y adornadas con otros recuerdos.
Todos conocemos las aventuras del travieso Tom: el pequeño huérfano que vive con su tía Polly, una dama gruñona y recalcitrante aunque cariñosa y afectiva cuando Tom, zalamero, la requiebra. De continua pulla con su hermanastro, Sid, un niño repelente, empollón y acusica, mientras la prima Mary, más mayor, intenta mediar entre Sid y Tom; Jim, el chico de color que ayuda en casa, y otros compañeros de clase: Joe Harper, Billy,  Johny Miles, Ben Rogers, mantienen una admiración por un personaje marginal, Huckleberry Finn, un chico asilvestrado que vive por su cuenta, aquí y allá, y que es el mejor amigo de Tom, una incitación constante a la libertad y la independencia, a la aventura y el riesgo. Y luego están las chicas: Amy Lawrence y Becky Thatcher, la preferida de Tom.
Este es el mundo de los niños; por otra parte está el mundo de los adultos: el juez Thatcher, padre de Becky, el señor Walters, de la escuela dominical, el médico, Dr. Robinson, y su ayudante Muff Potter, así como el indio Joe, el malvado de la historia. 

Se enlazan en esta obra continuas historietas, travesuras y aventuras de los chicos, como la famosa pintura de la valla, divertido comienzo de la novela; los manejos y trucos de Tom para conseguir puntos en la escuela dominical,  su admiración por  Becky, recién llegada al pueblo; hasta que algunas de estas aventuras se mezclan con las  del mundo adulto: el malcarado indio Joe y Muff Potter son espiados por Tom y Huck Finn, y las cosas se complican. Hay un tesoro escondido, Tom se escapa con Huck y vagan por el río y los islotes donde el aventurero y libre Huck  tiene su reino, hasta que se enteran de que en el pueblo se da por muertos a ambos y deciden presenciar su propio funeral…. Estas y otras aventuras, como la de la excursión a la cueva de McDougal donde quedan perdidos Tom y Becky, son la delicia de este libro, que salta de una a otra travesura con la ingenuidad y la imaginación de la infancia. Todo ello enmarcado en el incomparable paisaje sureño del Mississipi, en una época aún idílica y feliz, en una imaginaria población llamada San Petersburgo, recreación del Hannibal de Twain.

Toda esta maravillosa narración, está, en la presente edición, magníficamente ilustrada por Pablo Auladell, con probada capacidad para recrear mundos con sus imágenes. Construye en sus dibujos las figuras ingenuas de los niños, el paisaje del río, las figuras más duras de los adultos, (sobre todo los malvados de la historia), todo ello envuelto en tonos sepia con leves toques de color, ocres y delicados azules agua para el gran río, por donde se desplaza, lento y majestuoso, un vapor. Consigue crear un espacio propio, cargado de lirismo y lleno de imágenes lúdicas, festivas, mostrando el universo infantil. Siempre dentro del estilo que ya ha definido como propio en otras muchas publicaciones, libros ilustrados o cómics. Un estilo que tiene trazos muy libres, líneas algo angulosas y figuras que recuerdan en sus trazos a los dibujantes expresionistas, como Otto Dix y George Grosz, sin la acritud de éstos, pero con manifiesta influencia iconográfica. En una entrevista, (http://www.ilustrandodudas.com/index.php?/entrevistas/pablo-auladell/) preguntado el artista si es mejor mantener un estilo al margen de modas o seguirlas, responde: “Se trata de buscar un equilibrio entre mirar para mantenerte siempre vivo en la sabana y, al mismo tiempo, mantener tu coherencia. En mi caso, busco una forma de expresión que sea intemporal. Por eso busco el equilibrio, la elegancia, la contención, y tomo como modelos, sobre todo, a los maestros que han logrado esto, que sus obras produzcan sensación de belleza, que conmuevan en cualquier época. Pero, al mismo tiempo, puedo ir aprovechando recursos y herramientas nuevos para lograr ese objetivo.”
En suma, una edición bien cuidada, bien ilustrada y bien traducida. Y una obra de la literatura universal. Imprescindible en cualquier biblioteca.

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), más conocido por su seudónimo Mark Twain, era autor y humorista estadounidense. Twain creció en Hannibal, Missouri, que proporcionó el escenario de Huckleberry Finn y Tom Sawyer. Nació poco después de la visita del cometa Halley, y predijo que iba a "salir con ella", también. Murió al día siguiente de que el cometa regresó. Su ingenio y sátira, en prosa y en el habla, se ganó los elogios de los críticos y compañeros. Fue alabado como el "más grande humorista estadounidense de su época", y William Faulkner le llamó "padre de la literatura norteamericana".

Pablo Auladell (Alicante, 1972) es un reconocido ilustrador que desarrolla su trabajo en el ámbito editorial. Ganador del Premio Nacional de Cómic Injuve en 2000 y del Segundo Premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles por el libro Peiter, Peter y Peer en 2005, cuenta ya con una larga bibliografía de más de treinta obras, entre libros ilustrados y tebeos.


Fuensanta Niñirola
30 Nov 2015





27/11/15

MODA Y MODOS

LA MÍSTICA DE LA MODA


LOLA GAVARRÓN
Ed. Anagrama, 1989


-¿Dónde hay que ponerse su perfume?
- Dondequiera  usted que la besen..
(Respuesta de Coco Chanel en 1944)


Interesante, curioso y con un punto de humor, resulta este ensayo sobre la moda, cuya premisa central será la de que el vestido conforma nuestro ánimo. Refugio de lo irracional, la fantasía y el capricho, la moda comparte estas cualidades con el arte y los sueños, según afirma la autora en el prólogo. El vestido es algo que los humanos usamos, a diferencia de los animales. En principio, nos vestimos para cubrirnos, protegernos del frío o de las agresiones del medio y la acción de otros humanos o animales. En segundo lugar, y aquí ya nos acercamos al concepto de moda, nos vestimos para señalar una diferencia de posición social, o de pertenencia a un determinado clan o tribu, profesión,  para marcar nuestra identidad o, simplemente, por el puro placer de disfrazarnos, de adoptar otra apariencia, por un tiempo. Esta opción es la que interesa, en este ensayo: la posibilidad de vestirse por placer y no por necesidad. Las primeras vestimentas en principio unificaban y definían a las tribus, poblaciones o grupos sociales, pero siempre había un ropaje especial para los reyes, jefes o hechiceros, que los diferenciaba del resto. Vestirse, es, pues, un lenguaje pleno de simbolismo -a veces, inconsciente- que nos oculta o nos destaca de los demás, que uniforma o singulariza.


Con el transcurso del tiempo, la moda generará en primer lugar una diferencia abismal entre las clases sociales, además de ser un identificador de las distintas profesiones, pero paulatinamente devendrá en un factor de unificación, de igualación social, sobre todo, a partir de la eclosión industrial de la moda, a finales del siglo XIX y principios del XX, con el surgimiento de las casas de alta costura y luego la generalización del concepto de prêt-à-porter y la consiguiente masificación de la moda, los grandes almacenes y la ropa ya confeccionada. Todo lo cual, como manifiesta la autora, resulta paradójico: si la primera finalidad de la moda era la diferenciación de clase, en los últimos siglos deriva hacia la unificación social.

En la actualidad las posibilidades de singularizarse con la ropa son enormes: las  diferencias pueden estar en el buen o mal gusto a la hora de elegir vestimenta, de ahí que la elección nos diga del carácter, la psicología o el estado de ánimo de una persona más que de su estatus social. En los últimos tiempos lo que se ha generalizado son las modas “tribales” urbanas, si podemos decirlo así, sobre todo entre los jóvenes; pero el ensayo está publicado en 1989, y aún no se había producido de modo tan intenso este proceso.
El ensayo, que incluye 41 ilustraciones (fotos, grabados y pinturas) y una amplia bibliografía y notas,  trata, en cinco apartados, los diversos aspectos de la moda, además de reflexionar sobre el concepto de elegancia/belleza, la gracia (“belleza en movimiento”), lo chic y la relación del vestido con la personalidad, gustos y pretensiones de quien lo usa.
Dedica la autora un capítulo a dar pinceladas biográficas de los grandes nombres, los creadores, las firmas: Balenciaga, Chanel, Saint Laurent, Cardin, Dior, Courrèges, Givenchy, Mme. Grès, Molyneux, Patou, Rabanne, Ricci, Rouf, Schiaparelli, Ungaro,…Y también un detallado apartado a todos aquellos personajes que hacen posible el fenómeno social de la moda: diseñadores, modelos, publicistas, fotógrafos y los llamados “árbitros de la elegancia”, esas personas cuya sola presencia en un desfile o simplemente verlas con un vestido de determinada firma, ya dispara las ventas.
Muestra y analiza después los ritos de la moda: las pasarelas y desfiles, la paulatina incorporación de los hombres, tradicionalmente anclados en la clásica y conservadora tradición inglesa desde la que se han desplazado actualmente a la elegancia italiana.

Muy interesantes son los capítulos dedicados a la relación, digamos sensual, de las portadoras de determinadas telas y tejidos sobre el cuerpo, la relación de los vestidos, textura y color, con  el ánimo de quien los viste. La moda, como cultivo de la apariencia, revela el estado de ánimo de la persona que lo porta. El concepto de disfraz, de la introducción del teatro y el cine en la vida cotidiana, cambiar, por unas horas, la personalidad al usar otra ropa. Hoy en día, ya no es cuestión de dinero: un buen olfato para la ropa puede llevar a una persona a vestir elegantemente si combina bien las prendas y sabe llevarlas. La piel y la seda, los clásicos elementos del lujo, ya casi a la altura de cualquiera, y la relación de esos materiales con el cuerpo femenino principalmente, es francamente sensual y hasta erótica, según la autora, que a su vez cita a teóricos importantes, como Oscar Wilde, Carlyle, Lacan, etc.
En suma, Lola Gavarrón desarrolla una muy amplia y detallada reflexión sobre el vestido, la naturaleza humana, y la sociedad. La moda es un placer y no una necesidad, concluye. Pero un placer necesario… y efímero.




Fuensanta Niñirola

Nov 2015

19/11/15

AZUL PARA EL CÍRCULO

EL HOMBRE DE LOS CÍRCULOS AZULES


FRED VARGAS
Siruela, 2004

Esta es la primera novela de la serie del comisario Adamsberg. Genero policiaco muy especial, con un marcado sentido del humor, algo surrealista y absurdo, que desvía en muchas ocasiones la atención hacia digresiones hilarantes, saliéndose de la investigación policiaca y entrando en otros niveles de escritura. Sin los niveles de violencia de un Tarantino, por ejemplo, los diálogos entre los personajes traen un eco a los diálogos de Pulp Fiction.

Tanto el propio comisario como los demás personajes secundarios más importantes, tienen todos unos rasgos algo estrambóticos. Es como si en un psiquiátrico francés hubieran dado vacaciones a los pacientes mas tolerables, y los hubieran soltado juntos en París.
Empezando por el comisario, personaje introvertido, absolutamente fuera de lo habitual en un comisario de policía, que se pasa el tiempo garabateando en viejos papeles, mientras recapacita sobre el caso que lleva entre manos, aunque no lo parezca. Procedente de los Pirineos, es trasladado por sus méritos a la capital, mirado como un palurdo por sus compañeros parisinos, hasta que les demuestra que sabe resolver casos mejor que muchos otros. Cuarentón, vive solo, aunque recuerda su pasado con una novia, Camille, que prefiere recorrer mundo a vivir junto a un policía. Otros personajes atípicos son la excéntrica Mathilde Forestier, el sarcástico ciego Charles Reyer, el inspector Adrien Danglard, la viajera incontenible Camille, y sobre todo, la setentona  Clemence Valmont, siempre con una gorra eternamente cubriendo su cabeza.

En París, van apareciendo con nocturnidad y alevosía, uno o varios círculos dibujados con tiza azul en calles solitarias. Nadie sabe quién es el dibujante, nadie le ha visto, no se entiende su intención ni se ve relación de unos círculos con otros, así como la frase escrita, que aparece en todos, "Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?". Círculos de dos metros de diámetro, en cuyo centro aparecen los más diversos objetos, cuya única cosa en común, aparentemente, es su capacidad de permanencia, su estabilidad en el sitio donde han sido depositados. Esto, en principio, no es un delito. Puede ser un problema de limpieza callejera, pero nada más. Sin embargo, la intuición de Jean-Baptiste Adamsberg le dice que aquello es solo el principio, que habrá un final y no va a ser muy agradable. Efectivamente, pasado un tiempo empiezan a aparecer personas asesinadas en medio de los círculos, y la broma ya no es tal, movilizando a la policía parisina.
 Adamsberg, a pesar de parecer un tanto abúlico y despistado, va tejiendo mentalmente una tela de araña para cazar al asesino, aunque la verdad es que resulta complicado y ha de ir descartando una serie de pistas falsas y sospechosos poco habituales.
Su colaborador más cercano, Adrien  Danglard, bebedor compulsivo a partir del mediodía, es dirigido en varias líneas de acción, urgido por su superior. Danglard también es un personaje curioso, abandonado por su mujer y cargado de hijos, con los que comenta por las noches los detalles del caso que le ocupa.
La oceanógrafa Mathilde resulta ser una madura dama llena de costumbres excéntricas, como seguir a la gente, así porque sí, y la relación que mantiene con Reyer confundirá a Adamsberg...con esa manía de seguir a todo el mundo, a entablar contacto con desconocidos, incluso a introducirlos en su vida. Y su teoría de los "trozos" de la semana, que le rigen su actividad cotidiana y su humor, la convierten en una mujer estrambótica. Reyer, el ciego, es comprensible que sea un amargado, desde luego, y su comportamiento a veces es algo agresivo, a veces impreciso; Clemence también es un personaje muy controvertido, pero sobre todo, es el conjunto de Mathilde, Reyer, y Clemence el que resulta a veces desternillante y surrealista, aunque hay que leerlo con un especial estado de ánimo y no buscar demasiado realismo. Esta no es una novela que siga los cánones clásicos del género, aunque sí lo haga en esencia, pero se toma muchas licencias e introduce diálogos y descripciones de personajes cargados de ironía y humor.

Habrá más asesinatos, más círculos de tiza,  y Adamsberg tendrá que tomarse muy en serio la investigación, lo que le llevará a la campiña francesa, siguiendo  pistas que finalmente le harán esclarecer el caso de modo totalmente inesperado. El final resulta un tanto rocambolesco, quizá algo precipitado, en mi opinión, pero donde se atan los cabos sueltos y se explican detalles que habían quedado en el aire. Siempre dentro de la línea que marca Vargas, es decir, sin tomarse demasiado en serio el género y siempre buscando momentos humorísticos, lo cual le da un toque muy personal. En suma, una novela divertida y atractiva, que inicia una serie que dará mucho de sí.

Fred Vargas, pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau (París, 7 de junio de 1957), es una escritora francesa.Autora de novelas policíacas, ella escogió como pseudónimo el de "Vargas", el mismo que escogió su hermana gemela Joëlle, pintora conocida bajo el nombre de Jo Vargas. Este alias hace referencia al personaje de María Vargas, interpretado por la actriz Ava Gardner en el film La condesa descalza.



Fuensanta Niñirola

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